CAMINEMOS CON DIOS

“¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el camino que ha de escoger” (Salmo 25:12).

Enoc era un hombre muy especial para Dios. Su amistad con Dios era tan grande que él se lo llevó directamente al cielo sin que tuviera que experimentar la muerte.

Según lo que sabemos de Enoc, no había hecho nada tan extraordinario ante los ojos de los hombres. Tal vez sus amigos lo veían como un hombre común y corriente. Pero Dios lo tenía por un hombre especial. ¿Por qué? Porque Enoc había logrado lo que pocos hombres alcanzan: caminar con Dios.

Dios todavía busca hombres y mujeres que anhelan caminar con él. Uno de sus propósitos al crear al hombre fue que el hombre gozara compañerismo con Él tal como lo gozaron Adán y Eva con Él al principio, en el huerto de Edén. Para comunicarnos con Dios, no tenemos que rogarle. De su cuenta, Él se comunicó primero con nosotros. Dios nos ama tanto que desea que caminemos con Él.

La amistad de Dios está accesible a todos los que la quieran. Él se acerca a nosotros por medio de su Palabra, por medio de nuestra conciencia y por medio del Espíritu Santo. Él espera que respondamos en oración, comunión y obediencia, no sólo al empezar el día, sino en todo momento, como amigos íntimos que comparten toda experiencia de la vida.

Cuando caminamos con Dios, algo sucede. Enoc fue llevado al cielo para gozar de la perfecta presencia de Dios. ¡Dios quería a su amigo muy cerca de sí todo el tiempo! También hoy, si caminamos con Dios, no somos de este mundo. Vivimos una vida muy distinta a la de las personas que nos rodean. Somos indiferentes a los valores, las preocupaciones y los afanes de este mundo porque tenemos nuestro compañerismo con el Rey Jesús.

Un día no muy lejano, este Rey llevará consigo a los que hayan caminado con él, para estar a su lado por toda la eternidad.
Siempre en la carrera,
Pastor Elio Batista.